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A través de más de 400 kilómetros, desde el cabo de Creus hasta la cordillera cantábrica, los Pirineos se han erigido desde tiempos ancestrales en testigos directos del devenir de la historia. Según las leyendas del lugar, esta cordillera montañosa debe su nombre a Pirene, hija del mitológico Atlas, que en uno de sus increíbles viajes enamoró al mismísimo Hércules. Tras la trágica muerte de la joven, este héroe de la mitología griega erigió, roca a roca, una joya natural única para honrar su memoria y que se conserva hasta nuestros días. Sus montañas albergan varios picos de más de 3000 metros, lagos cristalinos, viejos glaciares, parques naturales declarados patrimonio mundial por la Unesco o ríos bulliciosos y prístinos que harán afortunado al viajero que llegue a sus propias raíces. Bienvenido al paraíso natural por excelencia. Bienvenido a los Pirineos.

Geografía privilegiada

Con más de 213 picos por encima de los 3000 metros, los Pirineos son el sueño de cualquier amante de la alta montaña. Cumbres como la Posets (3375 m), Monte Perdido (3355 m), Pico Maldito (3350 m) o la Pica d´Estats (3143 m) han atraído desde siempre a los alpinistas y escaladores más experimentados de todo el mundo. Aunque, si hay que destacar uno entre la multitud, debemos fijarnos sin duda en el Aneto (3404 m), la punta de lanza de los Pirineos.

Tras fascinar a la comunidad montañesa durante siglos, el Aneto ha sido siempre epicentro de multitud de historias y leyendas, como la del peregrino. En esta historia se cuenta que, muchos siglos atrás, llegó a la zona un misterioso peregrino. El hombre nunca se detenía mucho tiempo en ningún lugar, no tenía dinero ni joyas y, a pesar de ello, siempre estaba feliz. Tras sembrar la paz y el amor por toda la comarca, el hombre se encontró, en uno de sus paseos, con el temible y malvado gigante Netu, un demonio que tenía aterrorizadas a las buenas gentes pirenaicas. Tras negarle el agua que corría bajo sus enormes pies, el peregrino lanzó una maldición al gigante que quedó petrificado al instante, convirtiéndose en lo que es hoy día el pico del Aneto.

Pero en los Pirineos no solo encontramos grandes montañas y cuentos milenarios. En las zonas más altas hallamos los glaciares más meridionales de toda Europa, últimos resquicios de la época glacial. Entre los más importantes y destacables están los glaciares del Aneto o la Maladeta, Monte perdido o del Infierno. Aunque están diseminados por toda su geografía, encontramos, solo en la provincia de Huesca, más de 16. Grandes lenguas de hielo, testigos mudos de nuestro efímero paso por este mundo.

Según el autor Louis Audoubert, en los Pirineos hay más de 2500 lagos catalogados. La cifra, aunque espectacular, es imposible de confirmar con exactitud debido a la infinidad de pequeños espacios escondidos a la inmensa mayoría de los montañeros y que, según la época del año, se pueden encontrar secos o helados.

Como dato curioso cabe destacar que, sobre todo en Aragón, a los pequeños lagos de origen glacial de alta montaña se le denomina ibones. Entre los más importantes destacaríamos los de Valle del Tena, Anayet, Azules (balneario de Panticosa) o Plan y los lagos de San Mauricio o Colomers.

Recogiendo la infinidad de nieves y aguas glaciales, la cordillera de los Pirineos es una de las que mayor cantidad de ríos tiene en toda Europa. En la vertiente española destacan algunos tan importantes como el Bidasoa, Aragón, Gállego, Cinca, Ésera, Segre, Ter, Llobregat, Muga o Fluvia. En torno a ellos, y sobre todo en primavera y el periodo estival, han nacido infinidad de ofertas de turismo de aventura y actividades acuáticas. Entre ellas, el barranquismo o el descenso de ríos. También se han adecuado remansos y lagos como lugares de baño, dotando de un recurso de gran valor añadido al lugar y sirviendo de motor económico y de desarrollo de la zona.




Qué no hay que perderse

Además de lo que ya hemos contado, en la zona del Pirineo aragonés no debes perderte lugares como Aguas Tuertas, el parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, el monasterio de San Juan de la Peña, la ruta de iglesias del Serrablo, Jaca o la comarca del Aínsa, por destacar algunos entre los cientos de sitios recomendables. En el Pirineo catalán, la Cerdanya, el parque Nacional de Aigüestortes o el Valle de Arán son iconos que no debes dejar de visitar.

Y, por último, aunque no por ello menos importante, en el Pirineo navarro sería un error no visitar el bosque de Orgi, el Valle del Batzan o el parque natural del señorío de Bertiz, entre otras muchas opciones.

Por todo ello, los Pirineos se han convertido en un emplazamiento único, donde podemos desconectar del estrés diario y conocer algunas de las joyas naturales más importantes de las que disponemos en nuestro país. ¡Ven a los Pirineos y repetirás!

 

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