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    4.000 calorías en 700 gramos: cómo calculo y empaqueto la comida de una travesía

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    Antes de nada, algo que tiene que quedar clarísimo: esta es la configuración de mi comida. Mi organismo tiene un desgaste concreto y un aporte calórico calculado en función de ese desgaste. Eso no significa que para ti sea lo mismo.

    No soy experta en nutrición. Lo que conozco es lo que necesita mi cuerpo, después de años probándolo. Toma esto como un método, no como una tabla para copiar.

    Dicho eso, vamos a hacer el cálculo entero delante de la cámara: un día completo de comida, cuánto suma y cuánto pesa.

    Haz tus números, no los suyos

    Lau lo repite dos veces en el vídeo y lo repetimos aquí: estos 4.000 calorías son suyos, calculados para su peso, su metabolismo y sus etapas. Los tuyos serán otros.

    En la comunidad de Travesía Pirenaica hay gente haciendo exactamente este ejercicio ahora mismo, con sus propios números y con los avituallamientos reales de la ruta. Es el sitio donde contrastar tu cálculo con quien ya lo ha hecho antes de que sea tarde para cambiarlo.

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    La regla de partida: todo en frío

    No llevo hornillo. No llevo Jetboil. Pesa y no lo necesito.

    Todo lo que voy a comer está pensado para prepararse en frío, con agua. Eso condiciona el menú entero y es la primera decisión de peso que tomas, mucho antes de empezar a pesar bolsitas.

    Los números de cada alimento

    Esto es lo que hay que mirar en cada etiqueta antes de meter nada en la mochila:

    AlimentoCalorías / 100 g
    Avena375
    Virutas de chocolate495
    Anacardos604
    Pipas de calabaza583
    Plátano deshidratado~500
    Cuscús346
    Soja texturizada361
    Dátiles298

    Y las dosis preparadas:

    • Batido sustitutivo (desayuno): 368 calorías por dosis
    • Batido completo de recuperación: 849 calorías por dosis de 220 g

    Aquí es donde se ve claro lo que buscas: en travesía hay que ir a por lo que más calorías tenga por gramo. Es exactamente al revés de cómo miramos las etiquetas normalmente.

    Un día completo, comida a comida

    Desayuno

    • 100 g de avena
    • 25 g de virutas de chocolate
    • 1 dosis de batido sustitutivo
    • Café

    Ronda las 900 calorías. Y voy a desayunar lo mismo todos los días.

    Durante la marcha

    Picoteo repartido a lo largo del día:

    • 50 g de plátano deshidratado
    • 50 g de anacardos
    • 25 g de pipas de calabaza
    • 5 dátiles

    Los anacardos, además de las 604 calorías, tienen casi un 22 % de proteína por cada 100 g. No está nada mal para algo que te vas comiendo caminando.

    Los dátiles merecen mención aparte. Cinco dátiles pesan 35 g y aportan unas 85 calorías: poca cosa sobre el papel. Pero el pico de azúcar que dan es potente. Cógete un dátil en un momento de cansancio, déjatelo debajo de la lengua y que se vaya deshaciendo poco a poco. Ya verás el chute.

    Son también un 68 % de hidratos, de los cuales casi un 62 % son azúcares, pero con un 7,5 % de fibra alimentaria. Y ahí está la diferencia con las calorías vacías: te comes unos donuts y son calorías vacías; te comes unos dátiles y al menos llevan fibra.

    Media tarde

    Aquí va el batido completo de recuperación: 849 calorías en una dosis.

    Según el día, entero o medio. Si es una etapa larga, entero sin dudarlo.

    Cena

    • 100 g de cuscús
    • 50 g de soja texturizada

    Y aquí entra otra cosa que hago siempre: las cenas ya van premezcladas con ajo, cebolla y especias. Eso no es solo sabor. Para mí las especias son medicina natural y no salen de mi mochila.

    Cien gramos de cuscús para cenar, por cierto, es una burrada de comida. Da mucho más de lo que parece.

    El total

    4.029 calorías. 700 gramos de peso.

    Ese es el día completo, pesado alimento a alimento, incluida la cucharilla dosificadora (6,6 g, que redondeo a 7).

    Cuatro mil calorías es una salvajada, y no todos los días me las voy a comer. Los dátiles, por ejemplo, muchos días ni los toco: los llevo para los momentos de fatiga, o para esos días en los que estás un poco de bajón. Comerte algo dulce, ponerte música o llamar a alguien si tienes cobertura: son cosas que funcionan.

    Cómo ajusto el peso a la ruta real

    Setecientos gramos por día son 4,9 kg para una semana. Es demasiado.

    Pero ese cálculo asume que no paso por ningún pueblo, y no es mi caso: desde Cabo Higuer tengo pueblo prácticamente todos los días durante el primer tramo.

    Así que resto lo que sé que voy a poder comprar por el camino: los dátiles y parte de los frutos secos. Me quedo en unos 450 g de comida al día. Para siete días, 3.150 g.

    Ese es el peso real que voy a llevar del día 1 al día 7, hasta Candanchú.

    A partir de ahí cambia. De Candanchú a Sallent tengo pueblo, pero de Sallent a Panticosa creo que son dos o tres días sin poder abastecerme, y ahí sí tendré que cargar más.

    Mi límite absoluto son 8 kg de mochila. Si al montarla veo que me paso, empiezo a quitar: en lugar de siete cenas, llevo tres, y las demás las compro en los pueblos.

    Por qué me llevo comida de casa si voy a pasar por pueblos

    Porque en casa tengo las calorías contadas.

    La parte mala de comprar sobre la marcha es que si entro en un bar y me pido un bocadillo de jamón, detrás no hay tabla nutricional. Puedo buscar en Google cuántas calorías tiene un bocadillo de jamón y queso y saldrá una aproximación, y eso ya me sirve para hacer el balance del día con lo que el reloj me dice que he quemado. Pero es una estimación, no un dato.

    Lo que llevo de casa lo tengo pesado y contado. Lo que compro, no.

    Y por qué me importa tanto llevar la cuenta

    Aquí voy a meterme en un terreno que no es el mío, y aviso por delante: no soy nutricionista. Si alguien quiere corregirme, adelante.

    Pero entiendo que si tu cuerpo empieza a tirar de tus propias reservas minerales, hay algo que no estás haciendo bien. Y lo que viene después son torceduras con más facilidad y fracturas con más facilidad.

    Llevando controlado lo que entra y lo que quemas, más o menos puedes asegurarte de que el organismo aguanta. A veces hay que dejar de lado el «me apetece esto porque me mola» e irse a lo que el cuerpo necesita.

    El empaquetado

    Una vez calculado, toca embolsar. Y esto también tiene su método:

    • Un día por bolsita. Cinco dátiles por bolsa, y cuando junto tres días, cambio de bolsa grande.
    • Todo pesado con báscula. No a ojo.
    • Bolsas de caca de perro. Son ligerísimas (0,02 g), baratas y van perfectas. Aparte llevo una para residuos íntimos —papel, compresas— que voy vaciando y reciclando cuando llego a un pueblo.
    • Código de colores. Mis bolsas estancas son amarillas; el botiquín, rojo. Buscar a tientas dentro de la mochila a las once de la noche es algo que se resuelve el día que preparas la comida, no en la ruta.

    El agua

    Durante el primer tramo no me preocupa: hasta que no entre en Navarra tengo agua constantemente.

    Uso pastillas potabilizadoras, no filtro. Mucha gente me dice que las pastillas son malas. Hay muchas cosas que hacemos a diario que no son sanas y las hacemos igual; por un mes bebiendo agua tratada con pastillas —que además no es todo el mes, porque el agua de los pueblos no la depuro— no me preocupa.

    En resumen, el método

    1. Mira la etiqueta de cada alimento y apunta las calorías por 100 g
    2. Diseña un día completo y súmalo
    3. Pésalo entero, incluidas las cucharillas
    4. Resta lo que sabes que vas a poder comprar por el camino
    5. Multiplica por los días reales entre avituallamientos
    6. Si te pasas de tu límite de peso, quita cenas antes que desayunos

    Lo demás es báscula, paciencia y bolsitas.