Qué comprar y qué no llevarte en una travesía de 30 días
Pirineos y montaña 📩
Aquí 🔥Hay una parte de la alimentación en travesía que no va de calorías ni de gramos: va de decisiones en el pasillo del supermercado.
Qué meto en el carro y qué dejo ahí sabiendo que lo compraré por el camino. Qué se puede reutilizar. Qué le echo a la cena y por qué. Y una cosa que mucha gente se lleva sin pensarlo y que yo dejo en casa a propósito.
Esto es la logística de la comida para cruzar los Pirineos en menos de 30 días.
La lista de la compra que no está en ningún sitio
Las listas de material están por todas partes. La lista de la compra real —qué llevar de casa, qué comprar en cada pueblo, dónde dejar los avituallamientos y qué hacer el día que no te entra la comida— no está en ninguna.
En la comunidad de Travesía Pirenaica es justo lo que se comparte: dónde hay supermercado y a qué hora cierra, qué refugios venden comida, qué se puede dejar preparado y qué no compensa cargar. Información que solo tiene quien ya ha pasado por allí.
Lo primero: lo que NO me llevo
En el súper cojo una lata de atún, la miro, y la devuelvo a la estantería.
No porque no sea buena idea, sino porque eso lo compro en los avituallamientos. Hay que descargar peso, peso, peso y peso.
Esa es la gran ventaja de una travesía tan larga por esta zona: se pasa por muchos pueblos. Eso me quita muchísima carga de encima al configurar la mochila.
Cuando hago salidas de pocos días sí me llevo alguna lata de sardinas o de atún. Aquí no. Aquí todo lo que se pueda comprar sobre la marcha, se compra sobre la marcha.
Los cuatro puntos de avituallamiento
Aparte de los pueblos tengo cuatro puntos de avituallamiento preparados, que voy a dejar colocados con Tony antes de salir.
El primero está ya entrando en el Pirineo central, que es justo donde se acaban los pueblos. Ahí calculo que puedo estar unos cinco días sin poder comprar, o con algún pueblo suelto pero con el riesgo de que esté cerrado a la hora a la que yo pase.
Por eso a partir de ese punto la mochila carga más, y por eso ahí sí me llevo de casa los frutos secos: anacardos y pipas, que tienen mucha grasa, y plátano deshidratado.
Qué llevo en cada comida
Sin entrar en el cálculo calórico, que es otra historia, esta es la estructura:
Desayuno: avena con virutas de chocolate, un café y un batido. El batido pesa 27 gramos por dosis. Es un batido saciante de los que se venden para adelgazar, bajo en grasa, pero que cubre todos los nutrientes que necesitas.
Durante el día: frutos secos, plátano deshidratado y cinco dátiles. Todo preparado la noche anterior. Cada mañana, al recoger la tienda, me paso la comida del día a la riñonera para no tener que ir parando. En una travesía así prácticamente todo se hace caminando.
Merienda: aquí viene lo que yo llamo el pepino. Cuando llevas todo el día andando llega un momento en que el cuerpo dice basta, y ahí es donde entra el batido gordo, el de 800 calorías por dosis.
A ese batido le añado lo que llamo la bomba: una dosis de preentreno con 150 mg de cafeína, más vitamina C, niacina, B12, ácido fólico, beta-alanina, creatina y arginina.
Eso sí, no me tomo la dosis completa del batido. Meterme 800 calorías a las siete de la tarde no tiene sentido cuando voy a cenar poco después.
Cena: cuscús con soja texturizada.
El cuscús lo he probado de varios sitios y me quedo con uno que se hidrata en cinco minutos y además está bueno. Eso importa más de lo que parece cuando lo vas a cenar veinte noches seguidas.
Y la soja texturizada es una bomba: 50 gramos de proteína por cada 100 gramos y prácticamente no pesa. Entre eso, la avena, el batido de la mañana y el pepinaco de la tarde, a nivel proteico voy más que servida.
Mi medicación natural: el bote de especias
Esto no puede faltar. Y no es solo para dar sabor.
- Cúrcuma con pimienta. Antiinflamatorio. Es la principal y va todos los días.
- Ajo. Antiinflamatorio y antibiótico. Eso sí, no te pases o te desangras.
- Cebolla. Porque me gusta, y creo que es antiséptica. No lo sé seguro, no quiero decir ninguna burrada.
- Orégano y albahaca. Porque me gustan. Tendrán sus propiedades, pero tampoco te voy a decir cuáles.
Todo esto me lo llevo ya preparado y mezclado desde casa. Para los avituallamientos me llevo los botes enteros y hago allí las mezclas, sin tener que sacar nada de los paquetes.
La especia que dejo en casa a propósito
Canela.
A mí me gusta y a veces la uso. Pero en travesías tan largas la desaconsejo.
Una de las cosas por las que se usa mucho en dietas es porque ayuda a regular los niveles de azúcar en sangre. Y eso, en una travesía donde lo que buscas es exactamente lo contrario —picos de energía disponibles cuando los necesitas—, no me conviene.
Así que se queda en casa. Lo apunto por si a alguien le da por echársela al desayuno sin pensarlo.
Aviso, como siempre: no me quiero meter en un campo que no me corresponde.
Las bolsas: el sistema más barato que tengo
Lo meto todo en bolsas de caca de perro.
Pesan prácticamente nada, son mucho más resistentes de lo que parecen y me ahorran un montón. Antes llevaba bolsas estancas para todo. Ahora llevo dos como mucho: la del saco, que es sagrada, y una o dos para la comida y la higiene.
El sistema:
- Los cinco dátiles de cada día, en su bolsita
- El cuscús, en bolsitas de dos cenas cada una. No las cargo más aunque aguanten, porque si van muy llenas pierdo espacio de manipulación
- Y a medida que las voy vaciando, las reutilizo para la basura
Ahí llevo dos separadas. Una de reciclaje, que voy vaciando en las papeleras de los pueblos. Y otra para los residuos íntimos: compresas y salvaslips, que uso a diario porque bragas solo llevo unas.
Comer aunque no tengas hambre
Y aquí va la parte más importante de todas.
Mucha gente me dice: «es que no tienes hambre». Sí que tengo hambre. Pero hay días en los que no solo no tengo hambre, sino que me cuesta comer. Me cuesta de verdad.
Y hay que comer igual. Porque esto desgasta muchísimo y lo fundamental no es tener el estómago lleno, es estar bien nutrida.
Eso implica priorizar la nutrición por encima del «me como esto porque me apetece». Estamos rodeados de guarradas. Yo ahora mismo estoy en zona de engorde, llevo un par de kilos ganados antes de salir, y me estoy comiendo una bolsa de patatas fritas mientras grabo esto. Pero eso son calorías vacías: no aportan nada nutricionalmente.
De vez en cuando te comes unos donuts o un chocolate y te dan un pico de azúcar importante, y está bien. Pero si puedes elegir, antes que eso, unos dátiles: te dan la glucosa igual y encima traen el resto.




