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    De la ciudad a la montaña: 8 cosas que usamos a diario y también nos ayudan en nuestras rutas

    De la ciudad a la montaña 8 cosas que usamos a diario y también nos ayudan en nuestras rutas / Foto: Hennadii Hryshyn (Unsplash)
    De la ciudad a la montaña 8 cosas que usamos a diario y también nos ayudan en nuestras rutas / Foto: Hennadii Hryshyn (Unsplash)

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    Cuando pensamos en preparar una salida a la montaña, casi siempre pensamos en lo mismo: la mochila, el calzado, la chaqueta, el agua, el frontal… todo ese material que tenemos asociado directamente a salir al cerro. Pero la realidad es que una buena parte de esa preparación empieza mucho antes.

    Empieza caminando entre semana, entrenando un poco, subiendo escaleras, revisando una ruta en el celular o simplemente moviéndonos más. Y ahí hay un montón de cosas que usamos todos los días y que, sin ser material de montaña como tal, también nos ayudan bastante cuando llega el fin de semana.

    No hace falta tener dos versiones de todo. Una para la ciudad y otra para salir al monte. Muchas veces lo interesante está justo en ese punto intermedio.

    1. Unas zapatillas cómodas para sumar kilómetros

    Parece una tontería, pero caminar más entre semana sigue siendo una de las mejores formas de llegar algo mejor preparado a una ruta. No sustituye a entrenar desnivel, fuerza o terreno irregular. Eso está claro. Pero si durante la semana apenas nos movemos, luego una jornada de cinco o seis horas se nota mucho más.

    Y para caminar por ciudad, viajar o hacer algo de entrenamiento no necesitamos machacar siempre el calzado de trekking. Aquí unas zapatillas deportivas cómodas tienen bastante sentido. Hay opciones de todo tipo, desde modelos pensados para correr hasta otros más de uso diario, como estas zapatillas puma mujer.

    Eso sí, conviene separar bien los usos. Una zapatilla puede ir perfecta para caminar varios kilómetros por ciudad y no servirnos para meternos por un sendero roto, con barro o piedra suelta. En montaña el agarre, la estabilidad y la protección importan bastante más.

    2. El reloj que antes solo daba la hora

    Hace unos años llevábamos reloj para saber qué hora era. Ahora terminamos el día sabiendo cuántos pasos hemos dado, cuánto hemos dormido, qué pulso hemos tenido entrenando o cuánto desnivel hemos acumulado.

    A veces incluso demasiados datos. Pero para quienes hacemos senderismo de forma habitual sí puede ser útil tener una referencia de cuánto nos estamos moviendo durante la semana.

    Si queremos preparar una travesía larga y vemos que de lunes a viernes apenas caminamos, ya sabemos por dónde empezar. No hace falta tener un reloj de alta gama. Con algo que nos ayude a controlar actividad, tiempo y cierta regularidad puede ser suficiente.

    3. El celular se ha convertido en media mochila

    Probablemente este sea el cambio más grande de los últimos años. El celular hoy sirve para mirar el tiempo, seguir un track, consultar un mapa, sacar fotos, ver dónde estamos o avisar si tenemos algún problema. Y antes de salir también lo usamos para revisar accesos, guardar información o mirar cómo está una zona.

    En Chile esto es especialmente importante porque podemos pasar muy rápido de una zona con buena cobertura a otra completamente aislada. Por eso para mí hay algo mucho más importante que tener el último celular: saber llevar mapas descargados y no depender siempre de la conexión. Porque cuando no hay señal, no hay señal.

    4. Una mochila pequeña que usamos para todo

    Una mochila de 15 o 20 litros es de esas cosas que terminamos usando muchísimo más de lo que pensábamos. Sirve para una caminata corta, para viajar, para ir al trabajo o para llevar cuatro cosas durante el día.

    Y hay una ventaja bastante simple: si la usamos mucho, la conocemos.Sabemos si los tirantes molestan, si cabe realmente lo que necesitamos o si ese bolsillo que parecía tan útil resulta que no sirve para nada. Las mochilas se prueban caminando. No mirando fotos.

    5. La ropa deportiva que también sirve fuera del gimnasio

    Con la ropa pasa algo parecido. No todo tiene que ser ultratécnico. Una camiseta que seca rápido y que usamos para entrenar puede servir perfectamente para una caminata sencilla. Lo mismo con algunas capas, pantalones o prendas ligeras.

    Luego, cuando entramos en terreno más serio, cambia la cosa. Si vamos a estar muchas horas fuera, si hay viento, frío o posibilidad de lluvia, entonces sí hay detalles que importan mucho más. Pero para muchas salidas no necesitamos vestirnos como si fuéramos a cruzar los Andes de punta a punta.

    6. Los audífonos… mejor con cabeza

    Para caminar por ciudad o entrenar, llevar audífonos es de lo más normal. En montaña yo tendría algo más de cuidado. No porque no podamos escuchar música o un podcast, sino porque también necesitamos escuchar lo que pasa alrededor.

    Una bicicleta que viene por detrás, gente, animales, piedras, cambios en el tiempo… Si los usamos, mejor en zonas tranquilas, con un solo audífono o con algún modo que deje pasar el sonido ambiente. La montaña ya tiene bastante ruido propio como para aislarnos del todo.

    7. Llevar agua todos los días también cuenta

    Puede parecer un detalle menor, pero los hábitos pequeños ayudan. Si estamos acostumbrados a llevar una botella y beber con cierta frecuencia durante el día, luego en montaña resulta más fácil estar pendientes de la hidratación.

    Por supuesto, allí cambia todo. No es lo mismo caminar una hora por ciudad que pasar seis horas bajo el sol o subir con bastante desnivel. Pero el hábito empieza antes.

    8. Comprar menos cosas, pero usarlas más

    Esto probablemente sea lo que más me interesa de todo lo anterior. Muchas veces no necesitamos más material. Necesitamos utilizar mejor el que ya tenemos.

    Y cuando sí toca renovar algo, entonces tiene sentido hacerlo con algo de cabeza. En Chile, campañas como el cyber monday pueden ser un buen momento para comparar precios si ya teníamos previsto cambiar un reloj, unas zapatillas, un celular o alguna prenda.

    Pero creo que el orden debería ser siempre el mismo. Primero decidir qué necesitamos. Después buscar una buena oferta. Y no al revés.

    Porque si empezamos mirando descuentos, es bastante fácil terminar comprando algo que no necesitábamos hace cinco minutos. Al final, preparar una salida a la montaña no empieza cuando dejamos el auto y comenzamos a caminar. Empieza mucho antes.

    En cómo nos movemos durante la semana, en si caminamos algo más, en si entrenamos, en si conocemos nuestro material y en si usamos de verdad lo que tenemos. Y seguramente ese sea uno de los mejores criterios para elegir equipo: que no se quede esperando en un clóset hasta la próxima salida.