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    A través de los Pirineos: mi mayor aventura en la montaña hasta ahora

    El GR10 por los Pirineos franceses / Foto: Geert van Nispen
    El GR10 por los Pirineos franceses / Foto: Geert van Nispen

    Pyrenees and mountains 📩

    Here 🔥

    Editorial: From Travesía Pirenaica, we are excited to share this adventure signed by Geert van Nispen, one of the European references in self-sufficiency and long distance in the mountains. His challenge: to join GR10, GR11 and HRP in a single trip. Here is his account, in first person.

    This article is an authorised translation of the original published by Geert van Nispen on his website: Dwars door de Pyreneeën: mijn grootste bergavontuur tot nu toe

    A través de los Pirineos. Solo esas palabras bastan para que se me dispare la imaginación. Veo las montañas, respiro el aire de altura y siento la mochila sobre los hombros mientras avanzo durante horas sin saber exactamente qué me espera detrás de la siguiente montaña. El próximo verano cruzaré los Pirineos enlazando sus tres grandes itinerarios: el GR10, el GR11 y la Haute Route Pyrénéenne, más conocida como HRP o Alta Ruta Pirenaica. Juntos forman la Triple Corona Pirenaica, una aventura que sobre el papel ya parece enorme, pero cuya verdadera dimensión no descubriré hasta que esté en marcha.

    📋 The "Pyrenean Triple Crown is a concept inspired by the renowned "Triple Crown"The Triple Crown is a challenge to complete three of the most iconic long-distance treks in the United States. The American Triple Crown is a challenge that involves completing three of the country's most iconic long-distance routes: the Pacific Crest Trail (PCT), the Appalachian Trail (TA) and the Continental Divide Trail (CDT). These trails total more than 12,000 kilometres through some of the most breathtaking scenery in North America. HERE ALL THE INFORMATION ABOUT THE ROUTE.

    Tres rutas, una aventura

    Miro el mapa e intento imaginar qué significa pasar semanas recorriendo esta inmensa cordillera. Los Pirineos forman la frontera natural entre Francia y España y se extienden desde el océano Atlántico hasta el mar Mediterráneo. Sobre el mapa, las líneas parecen claras, casi sencillas. Pero a estas alturas ya sé que una línea dibujada dice muy poco de lo que realmente voy a encontrar bajo mis pies.

    El GR10, la ruta francesa, ya me mostró un recorrido verde y variado por las montañas. Al otro lado de la frontera está el GR11, que atraviesa la vertiente española y tiene un carácter muy distinto. Entre ambos, buscando las cotas más altas, discurre la HRP, la Haute Route Pyrénéenne, que se adentra de forma mucho más decidida en la alta montaña. Ya he recorrido tanto la ruta francesa como la española, mientras que de la Alta Ruta solo conozco algunos tramos. Precisamente por eso, la idea de combinarlas no deja de rondarme. ¿Qué ocurre cuando dejo de ver estos itinerarios como aventuras independientes y los convierto en un único y largo viaje por los Pirineos?

    Eso es exactamente lo que quiero descubrir el próximo verano.

    Acampada en altura en el GR10, en los Pirineos franceses / Foto: Geert van Nispen
    Acampada en altura en el GR10, en los Pirineos franceses / Foto: Geert van Nispen

    Las montañas marcan el ritmo

    He aprendido que recorrer largas distancias en la montaña es mucho más que acumular kilómetros. La distancia es solo una parte. El desnivel, el terreno, el tiempo, el agua, la alimentación y el descanso tienen su propio peso y, al final, es el paisaje el que determina hasta dónde se puede llegar cada día.

    Por eso no quiero plantear esta aventura como una carrera contra el reloj. Quiero hacer fastpacking, viajar ligero y moverme con autonomía, pero, sobre todo, avanzar de una forma que encaje con lo que las montañas me permitan. A veces podré caminar durante horas seguidas; otras, una subida empinada exigirá toda mi atención. Habrá días en los que el cuerpo responda con soltura y otros en los que tendré que bajar el ritmo. Lo bueno es que ya no lo veo como un problema que deba resolver. Forma parte del camino.

    De seguir una ruta a encontrar el camino

    El GR10 y el GR11 son, cada uno a su manera, grandes itinerarios que atraviesan los Pirineos. La HRP añade algo distinto. A medida que me adentro en la alta montaña, seguir una ruta implica cada vez más tener que encontrar mi propio camino. El paisaje se vuelve más abrupto y las condiciones pueden cambiar con mayor rapidez. Un sendero que parece evidente en el mapa puede desaparecer sobre el terreno entre rocas, bloques y laderas.

    Esa perspectiva me atrae precisamente porque sé que no podré tenerlo todo bajo control.

    Sé que tendré que orientarme bien. Sé que debo elegir cuidadosamente el material y que no siempre encontraré agua y comida con facilidad. También sé que ninguna preparación impedirá que las montañas acaben siguiendo sus propias reglas. El tiempo cambia, un itinerario puede resultar distinto de lo previsto y mi cuerpo también tendrá algo que decir sobre cuántos kilómetros puedo recorrer cada día.

    Por eso, la Triple Corona Pirenaica, mi travesía por los Pirineos, no se parece para mí a un proyecto que simplemente tenga que ejecutar. Es una aventura en la que la preparación, la experiencia, la capacidad de sobreponerse y la improvisación estarán presentes en todo momento.

    Más de 2.500 kilómetros por las montañas

    Al sumar las distancias de las tres rutas, obtengo unos 2.500 kilómetros. Es una cifra que me obliga a respirar hondo. No porque me asuste la distancia, sino porque sé cuántos días y cuántas situaciones diferentes caben en ella.

    Aun así, intento no obsesionarme con ese número. He recorrido suficientes largas distancias para saber que una travesía de miles de kilómetros no se puede afrontar pensando todo el tiempo en esos miles de kilómetros. Sencillamente, no funciona. Te concentras en el día que tienes por delante, en la siguiente subida, en el próximo punto de agua y, finalmente, en el lugar donde montarás el vivac esa noche.

    Así, algo enorme se vuelve manejable.

    Un collado se convierte en la subida que toca hacer hoy. Un largo descenso, en unas horas de marcha. Y una distancia de 2.500 kilómetros acaba siendo una suma de pequeños momentos que, juntos, forman una gran aventura.

    Quizá por eso vuelvo una y otra vez a las largas distancias. La escala es inmensa, pero la realidad sigue siendo pequeña: los pies sobre el suelo, una mochila a la espalda y, una vez más, el siguiente paso.

    Todavía no sé cómo termina esta historia

    Puede que lo más bonito de esta aventura sea que la historia aún está por escribir. Puedo estudiar las rutas, consultar mapas y hacer planes, pero todavía no sé qué sucederá por el camino. Tampoco sé qué tiempo hará, a quién conoceré, dónde me quedaré más de lo previsto o en qué momento tendré que cambiar de planes. Y quiero conservar precisamente esa incertidumbre.

    No necesito dejarlo todo cerrado para estar preparado. De hecho, cuanto más tiempo paso en marcha, más cuenta me doy de que dejar margen puede ser tan importante como prepararse. Margen para escuchar al cuerpo, para tomar otra decisión y para descubrir, sencillamente, adónde me lleva el camino.

    Para mí, esa es la esencia de la aventura. No tener la certeza de que todo saldrá bien, sino estar dispuesto a afrontar lo que vaya surgiendo.

    El próximo verano cruzaré los Pirineos

    El próximo verano tengo una cita con la Triple Corona Pirenaica. Enlazaré el GR10, el GR11 y la HRP para atravesar los Pirineos. Será una travesía de muchos kilómetros, mucho desnivel y largas jornadas en un paisaje que cambia constantemente.

    Sé que será duro. También sé que habrá momentos en los que me preguntaré por qué me meto en algo así. Pero he aprendido que esos momentos suelen acabar formando parte de las historias que más me gusta contar después.

    Por ahora, la aventura todavía está por delante. El mapa está sobre la mesa, las líneas están trazadas y los primeros preparativos ya han comenzado. Lo demás prefiero dejarlo abierto un poco más. Porque, por mucho que pueda planificar, serán los Pirineos los que tengan la última palabra sobre lo que ocurra en el camino. Y precisamente por eso tengo tantas ganas de empezar.

    Sé dónde quiero comenzar y en qué dirección avanzar. Pero el camino que se abrirá ante mí a través de los Pirineos lo descubriré el próximo verano.