Encuentra más de Travesía.

Una publicación para pirineistas, montañeros y amantes de la aventura. Aires de altura en boletín semanal 🔥

Más de 14,000 suscriptores

    No spam. Nos dices adiós cuando quieras.

    GR11 estilo fastpacking. Moverse ligero en los Pirineos de mar a mar

    Pirineos y montaña 📩

    Aquí 🔥

    Me levanto de madrugada. El mundo todavía está medio dormido, pero mis piernas ya están despiertas. La niebla cuelga entre las cimas y amortigua el sonido de los valles. Los primeros rayos de sol tocan las rocas y las laderas de hierba, como si tanteasen con cuidado qué tipo de día va a ser. La mochila es ligera. Exactamente como la quiero. Hoy sigo avanzando por el GR11, estilo fastpacking. No es senderismo sin más. No es trail running sin más. Es moverse con intención. Con ligereza. Con atención. Con respeto por todo lo que esta cordillera tiene que ofrecer.

    El GR11 no es una ruta cualquiera. Es la columna vertebral de los Pirineos españoles: desde Cabo Higuer, en la costa atlántica, hasta el Cap de Creus, en el Mediterráneo. Aproximadamente 840 kilómetros, con unos 44.000 metros de desnivel acumulado. Una línea que atraviesa valles, escala puertos agrestes y bordea silenciosos lagos de montaña. Un sendero que no solo te lleva a través del paisaje, sino también a través de ti mismo. Esta ruta me ha atrapado, me ha calado hondo en el cuerpo y en la cabeza, y desde entonces nunca me ha soltado.

    El primer amor

    Mi primera aventura en el GR11 se sintió como enamorarse. En dos etapas recorrí y corrí la ruta, con el equipaje mínimo y la curiosidad al máximo. Descubrí cómo es dejar que tus días estén completamente marcados por el movimiento, la luz y la altitud. A veces corriendo, a menudo andando, siempre alerta. El sol saliendo sobre crestas peladas. El viento campando a sus anchas en los collados. El silencio, roto solo por mi respiración y el ritmo de mis pasos.

    El fastpacking ya entonces me parecía la continuación lógica. No ir más rápido por ir más rápido, sino más rápido porque me acercaba más a la esencia. Más fluidez. Más presencia. Menos lastre. Al moverme más ligero, se abría espacio para absorber de verdad el paisaje, sin perderme en él.

    El fastpacking como estado de ser

    El fastpacking no es para mí una disciplina con reglas fijas. Es una manera de estar en la montaña. Me muevo más rápido que el senderista clásico, pero sin la presión de rendimiento de una ultramaratón. Mis días son largos, mi ritmo contenido. Corro donde puedo, ando donde toca, subo, bajo, desacelero y acelero. A veces horas seguidas sin cruzarme con nadie.

    Todo gira en torno al ritmo. A una cadencia en la que cuerpo y paisaje se funden. Sin forzar, pero sin pararse tampoco. La fluidez es la palabra clave. En el GR11, donde durante días se suceden puertos y valles y el tiempo puede cambiar en cuestión de minutos, ese ritmo se convierte en un ancla. El movimiento se vuelve el eje de tu existencia.

    Sueños de FKT y confrontación

    Tras mis primeras experiencias completas en el GR11, fue creciendo un nuevo sueño: un Fastest Known Time. Completar la ruta lo más rápido posible, en modalidad self-supported, solo, sin ningún tipo de asistencia externa. No por figurar en una web, sino como experimento. ¿Qué ocurre cuando reúno todo lo aprendido sobre moverse ligero, la concentración y la autosuficiencia en este único sendero?

    Entrené, planifiqué y viajé a España con un deseo que quemaba. Pero las montañas no se ríen solo de la ambición. La nieve, el peligro de aludes, el frío y los problemas de navegación me pusieron a prueba desde el principio. Apenas unos cientos de kilómetros dentro de la ruta, noté que mi lucidez se iba diluyendo. Me desorienté, perdí tiempo y sentí que seguir adelante sería una imprudencia. Di media vuelta.

    No lo viví como un fracaso, sino como una lección. El fastpacking a este nivel exige mucho más que equipamiento ligero y piernas fuertes. Exige un anclaje mental, atención constante y la disposición a abandonar tus planes cuando las circunstancias lo requieren.

    Espartano y apestoso

    Una de mis aventuras en el GR11 comenzó de forma espartana y con un olor que no era precisamente agradable. Mucha nieve, pocos senderistas y un cuerpo que aún tenía que coger el ritmo. Ese día lo sentí todo a la vez: éxtasis, incomodidad, sorpresa y pura libertad. Justo allí, en medio de ese malestar, entendí lo que realmente es el fastpacking en el GR11. No es cómodo. No siempre es bonito. Pero es real. La ruta te despoja de todo lo superfluo. Física y mentalmente. Aprendes qué necesitas de verdad para seguir adelante. Todo lo que no contribuye al movimiento, la seguridad o la atención acaba cayendo por su propio peso.

    Un minimalismo que crea espacio

    Cuanto menos cargo, más experimento. Suena a tópico, pero cada travesía lo vuelve a confirmar. Mi running pack, habitualmente una Rab Veil XP de 20 o 30 litros —esta última cargada hasta un máximo de 25 litros— se ajusta como una segunda piel. Sin cinturones de cadera voluminosos, sin correas que cuelgan. Se mueve conmigo por crestas estrechas, bajadas pronunciadas y campos de pedrera.

    Llevo una Rab Ridge Raider Bivi ultraligera como refugio: sin lujos, pero con una protección fiable frente al tiempo y el viento. Para la noche llevo un sistema de sueño ligero, el Mythic Ultra 120 Modular con Ultrasphere 4.5 Sleep Mat, perfectamente adaptado a las noches frescas de verano en altura. La ropa es justa, pero elegida con cuidado para el trail running. Como capas adicionales para el camino llevo una base layer aislante, un cortavientos y una chaqueta de running impermeable y cortavientos. Ofrecen calor y protección cuando el tiempo se tuerce, sin añadir peso innecesario. Todo compacto, funcional y listo para seguir moviéndome ligero y libre día tras día.

    La alimentación es compacta y calórica. Comer como puro combustible. Llevo el agua en soft flasks y la repongo durante la marcha en arroyos de montaña, mi línea de vida. Sin agua, no hay vida.

    La navegación es algo más que tecnología. El reloj, los mapas digitales y las rutas GPX me ayudan, pero mi principal instrumento sigue siendo mi propia orientación. Para emergencias llevo un botiquín, un frontal, un bivi de emergencia y el móvil. No para buscar riesgos, sino para poder hacerles frente.

    El minimalismo no es una aspiración estética. Es funcional. Todo lo que llevo encima debe contribuir a la autonomía y la libertad de movimiento.

    Ligero, nunca a la ligera

    Los Pirineos son caprichosos. Incluso en pleno verano. Calor en los valles, frío en los puertos, niebla que reduce la visibilidad a apenas unos metros. El fastpacking implica, por tanto, estar siempre preparado. Mantenerse abrigado y seco no es un lujo, es una necesidad. La hipotermia aparece rápido cuando el cansancio, el viento y la humedad se juntan.

    Mis decisiones siempre son un equilibrio entre peso y seguridad. Conozco mi material, mi cuerpo y mis límites. Y sé cuándo hay que ajustar el plan.

    Ritmo, rutina y reflexión

    Mis días empiezan temprano, a menudo antes del amanecer. Avanzo de forma constante, sin distancias diarias cerradas a cal y canto. A veces me paro en un manantial para reponer agua. A veces me quedo un momento quieto en un mirador, simplemente para mirar. Esos momentos son esenciales. El fastpacking no es huir, es comprender. Escuchar lo que el paisaje cuenta.

    En los días largos, cuando el cuerpo se resiente y la motivación flaquea, el fastpacking te obliga a reflexionar. ¿Qué necesito hoy para seguir adelante? A veces es continuar. A veces, aflojar el paso. A veces, dar media vuelta. Los límites no son el enemigo. Son un interlocutor.

    Solo conmigo mismo

    El fastpacking en solitario lo amplifica todo. El silencio se vuelve más denso. La responsabilidad, más pesada. Cada decisión recae sobre mí. No hay nadie con quien compartir la duda ni disimular los errores. Eso exige lucidez y honestidad. Pero precisamente esa soledad hace que la experiencia sea intensa y limpia. Aprendo a escuchar. Al tiempo. Al terreno. A mi cuerpo. A mi cabeza.

    Los momentos bajos mentales forman parte del juego. Subidas interminables bajo el calor. Lluvia que lo empapa todo. Noches en las que el viento sacude el bivi. En esos momentos desaparece todo romanticismo. El fastpacking se convierte en un diálogo conmigo mismo. ¿Por qué estoy aquí? ¿Qué me mueve? Esas preguntas no son un obstáculo, sino parte del proceso.

    Las montañas como maestra

    Los Pirineos no son un decorado. Son una fuerza activa que empuja en sentido contrario. Campos de nieve en julio. Crestas afiladas con viento en libertad. Valles en los que la niebla no termina de levantarse. Al moverme ligero me vuelvo más sensible a todo lo que cambia. Huelo la tormenta antes de que estalle. Veo cómo cambia la luz mientras aún busco un sitio donde pasar la noche. El fastpacking me convierte en parte de este sistema. No por encima de él, no al margen de él, sino dentro de él.

    De mar a mar

    Este verano vuelvo a mis queridos Pirineos para mi Pyrenean Triple Crown Adventure: tres travesías completas de costa a costa por los Pirineos. Las tres grandes líneas sobre la misma cordillera. El GR11 es una parte esencial de ello. Desde las aguas saladas del Atlántico hasta el azul cálido del Mediterráneo. Y una y otra vez de vuelta a la montaña.

    El momento en que llego al mar no es un punto final, sino una transición. La verdadera aventura está en los días de por medio. En el camino. En el movimiento. En la atención.

    Más que velocidad

    El fastpacking en el GR11 no es una carrera contra el reloj. Es una invitación a ir más a fondo. Una manera de vivir la ruta, no solo de recorrerla. Es una danza entre ligereza y atención, entre ritmo y silencio, entre esfuerzo y contemplación.

    Quien recorre este sendero en estilo fastpacking se invita a sí mismo a moverse no solo con el paisaje, sino también consigo mismo. Ve ligero. Camina hondo. Y deja que el GR11 te hable, como lo ha hecho conmigo y lo volverá a hacer cuando este verano dé mis primeros pasos de nuevo, al borde del mar.

    Outsiders x Travesía

    Fastpacking no es ir más rápido. Es ir más ligero.

    Si vienes del trekking clásico, este es el siguiente paso: aprender a moverte con menos peso, más fluido y disfrutando más de cada kilómetro.
    Únete al canal y empieza a descubrir cómo se siente la ligereza.

    ➜ Entrar al canal de WhatsApp