¿Paso de Mahoma o Puente de Mahoma?

Paso de Mahoma, Puente de Mahoma… ¿es una?, ¿la otra?, ¿da lo mismo? Pues bien, la respuesta correcta es Puente de Mahoma y no, no da igual la forma de llamarlo, no cometas ese error.

El Puente de Mahoma es una estrecha arista horizontal de unos 40 metros de distancia que separa la antecima del Aneto de la propia cima. Se trata de un tramo estrecho de arista sobre bloques de granito que sin ser difícil, impone cierto respecto por la caída que presenta a ambos lados a personas poco acostumbradas a este tipo de pasajes. Cosa frecuente, por otro lado, en el atestado techo de los Pirineos y que últimamente nos ha dejado imágenes virales con largas colas para atravesarlo (nada nuevo, ya en 1857, Lézat y otros cinco compañeros, condujeron a 22 turistas hasta la cima).

El caso es que desde mediados del siglo XX, probablemente por la gran afluencia de este lugar y porque en montaña utilizamos habitualmente la palabra “paso” para designar una dificultad aislada de escalada, comenzó a sustituirse “Puente” por “Paso”, y a utilizarse indistintamente. La repetición una y otra vez del error hicieron que este se asentase en nuestro vocabulario y que hoy en día haya quien a sabiendas, no de el brazo a torcer y hasta lo justifique.

Pero vayamos al origen. Para saber porque la denominación correcta es Puente de Mahoma y no Paso de Mahoma, nos tenemos que remontar al año 1842, a la primera ascensión del Aneto por parte de un militar ruso, Platon de Tchihatcheff, su guía local Jean-Pierre Sanyou (Pierre Sanio) y los porteadores luchoneses Bernard Arrazu «Ursule» y Pierre Redonnet «Nate»; y a los que casi por azar se unieron un botánico normando llamado Albert de Franqueville y su guía Jean Sors «Aragot», este último, luchones de origen español. Una primera ascensión que por suerte nos dejó para la historia dos testimonios por escrito y donde precisamente, en el publicado por el botánico Albert de Franqueville, encontramos el porqué de la denominación de Puente de Mahoma.

Al texto original que publicó Franqueville tres años después de la primera ascensión y del que existe un librito en francés (Première ascension du Néthou) que la recoge, no hemos tenido acceso, sin embargo, desde bien pronto diversos autores recogieron amplios extractos y hoy en día lo podemos encontrar en numerosas publicaciones traducido al castellano, como en La Conquista del Pirineo de Marcos Feliú (Sua edizioak), en Cumbres Pirenaicas de Claude Dendaletche (Sua edizioak) o en el monográfico del Aneto: El Monarca del Pirineo de Alberto Martinez Embid (Ediciones Desnivel).

De este último texto reproducimos un fragmento que recoge el original de Tchihatcheft:

“En el momento de llegar allí, nos detuvimos estupefactos ante el aspecto del paso que nos quedaba por franquear. Estábamos separados del pico de Aneto (Nethou reproduce Feliú) por una arista extremadamente aguda; a la derecha, se abría bajo nuestro pies un abismo al fondo del cual se extendía el glaciar de Coronas […]. Para colmo, la cúspide de esta arista estaba obstruida por fragmentos de granito desgajados por las heladas o dislocados por los rayos, muy peligrosos a causa de su poca estabilidad. Este Puente de Mahoma era, por lo tanto, la única vía que se nos ofrecía para llegar a la meta que coronábamos después de tanto tiempo. Dudamos un momento, lo confieso, antes de empeñarnos en este paso estrecho; pero ante la vista de nuestros cazadores, que avanzaban con paso tan seguro como si estuviesen sobre un camino, nos empeñó pronto a imitarles. […] Avanzamos poco a poco, pasando nuestros brazos por encima de la arista y sosteniéndonos con nuestro bastón herrado. Los pies los colocábamos sobre las asperezas de las rocas. Suspendidos por encima de un precipicio espantoso, no teníamos sino que bajar los ojos para ver por debajo de nosotros las aguas del lado de Coronas; en tanto que, si hubiésemos dejado escapar nuestro bastón, se hubiera perdido en las grietas del glaciar de Aneto. Así, a caballo por decirlo de alguna manera, sobre la montaña, no tardamos sino algunos segundos en franquear este peligroso paso. Al fin, pusimos el pie sobre el pico, hasta entonces virgen de la huella del hombre.”

Como ves, Albert de Franqueville, un hombre ilustrado en una época marcada por el pensamiento romántico (Romanticismo), quiso regalarnos este adorno literario en el que se comparaba esta estrecha cresta con el Sirat, un puente sobre el infierno, más fino que un cabello y más afilado que un sable, que todas las personas deben cruzar en el Día de la Resurrección, según el islam.

Otras versiones:

Dentro de la rumorología y de los mitos y leyendas del Aneto, algunos estudiosos apuntan a otras versiones. La más conocida afirma que al conquistar el Aneto, los guías le gritaron al conde de Franqueville: ¡vamos, es fácil! ¡Encomendad vuestra alma a Dios!, a lo que este respondió: ¡más bien al diablo o a Mahoma! En este caso, si se dejaría una rendija abierta a la denominación de Paso de Mahoma, si bien, como hemos dicho, estas versiones alternativas las deberíamos considerar más como leyendas que otra cosa.

Conclusión:

En conclusión, ahora que conocemos la historia y el porqué de Puente de Mahoma y no, Paso de Mahoma, tenemos el deber como montañeros de llamarlo por su nombre y de advertir del error a quien cometa este fallo. Se trata de respetar la historia. De ser parte de la solución.