La conquista del Posets

Conquistar la cumbre, atacar la cima… los andinistas simplemente prefieren hablar de intentarlo o de expresiones similares, a mí, sin embargo, siempre me ha fascinado ese aura un tanto bélica, entre heroica y romántica, que rodea a la literatura de las primeras ascensiones a las grandes cumbres, de alpinistas extraordinarios y mejores seres humanos.

Nos situamos en el año 1856, la mayoría de las grandes montañas pirenaicas han sido “conquistadas”, Monte Perdido en 1791*, Vignemale en 1798**, Aneto en 1842 y así, una tras otra. Sin embargo, el Posets, la segunda cumbre más alta del Pirineo, una montaña de líneas casi perfectas, aún se mantiene virgen. ¿Acaso estaba considerada una empresa imposible? ¿Tal vez, su posición aislada, descomunal, con afiladas aristas kilométricas y agrietados glaciares (en aquella época), lograron repeler cualquier intento de sus pretendientes? (Russel lo compararía con el Himalaya en 1875).

En realidad, la conquista del Virrey no tuvo nada de épico. A pesar de la presentación, el Llardana, cuyo significado en la lengua local es “quemado” debido a las singulares tonalidades ocres que presenta, no consiguió impresionar a ninguno de los viajeros que lograron avistarlo en aquella época, ni atraer aristócratas aventureros. Y así, con algunas menciones aquí y allá, el Posets pasó bastante desapercibido hasta 1.856, y eso que ya en 1832, Coraboeuf había estimado su altura en 3.363 m, lo que lo situaba como la segunda altura del Pirineo como así es, pero ni por esas. En aquel año, los guías Pierre Redonnet Nate y Pierre Barrau, lograron identificar una ruta fácil de ascenso. Una cumbre que ofrecer a los adinerados turistas que en aquella época visitaban los balnearios pirenaicos. El “elegido” para pasar a la historia del gigante pirenaico sería un inglés, Henry Halkett. De aquella ascensión no hubo relato heroico, ni dragones, ni Puente de Mahoma, ni un equipo de “hombres” extraordinarios, simplemente, aquel 6 de agosto de 1856, probablemente por Batisielles y el collado de la Paúl, nuestros tres protagonistas subieron y bajaron.


*Aunque “oficialmente” se atribuye a Ramond de Carbonnières la primera ascensión al Monte Perdido en 1802, muy probablemente, Vicente de Heredia y su equipo subieron en 1791 durante los trabajos topográficos para delimitar la frontera.

** Lo mismo ocurre con el Vignemale, que aunque oficialmente ha quedado como primera para la historia la ascensión de Lady Lister en 1838, es bastante probable que unos pastores por encargo de Junker (colega de V. de Heredia por el lado francés) subiesen en 1798 para levantar una torreta de puntería.

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