La gran cordillera pirenaica limita por el este con el enorme Mar Mediterráneo y al oeste con el majestuoso Mar Cantábrico, por lo que separa completamente a la Península de Francia.

Las caprichosas y raras condiciones climatológicas han conseguido modelar un lugar donde la flora y la fauna de mayor interés biológico de toda Europa conviven en armonía con lo natural, dando lugar a una naturaleza viva. El continuo clima frío y las copiosas nevadas han hecho de la parte alta una zona con personalidad propia.

La unión de todas las condiciones propició que numerosos grupos de vegetales empezaran a aparecer en las zonas boscosas que conforman la cordillera, siendo muy numerosas las especies eurosiberianas y alpinas, aunque también se pueden encontrar algunos endemismos. Puede que necesite recordarte que las especies endémicas son denominadas como tal por solo poder ser encontradas en un lugar reducido del mundo, y en ningún otro más.

Casi 4.500 especies conforman la flora del Pirineo al completo, siendo de ellas unas 160 endémicas. Podríamos destacar muchísimas, pero las más exóticas como la aquilegia de los Pirineos y la coronilla del rey. Siempre que atravieses un bosque pirenaico podrás ver numerosos árboles, pero suelen destacar las hayas y los pinos negros.

La planta que más renombre ha ido consiguiendo de toda la región es, sin duda, la “flor de nieve”. Este nombre proviene de su hábitat natural, ya que suele crecer en las praderas a gran altitud en casi todas las cadenas montañosas de Europa. Actualmente, arrancarlas o recogerlas está terminantemente prohibido debido a su explotación durante las últimas dos décadas.

Un curioso dato sobre esta flor es que Suiza la ha adoptado como flor nacional, siendo este país especialmente rico en bellezas naturales y especies endémicas. Todos debemos poner nuestro granito de arena para preservar la cordillera pirenaica y sus maravillas.

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