La comarca del Sobrarbe situada en el corazón del Pirineo aragonés se caracteriza por su singular belleza reflejada en valles y montañas. El aislamiento y la escasa población han influido en la conservación de un paisaje presidido por las altas cumbres y encerrando entre sus valles una gran diversidad de ecosistemas. La singularidad de la flora y fauna o del propio paisaje ha llevado a la protección de grandes espacios de esta comarca, representados por el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido como símbolo de los espacios protegidos, o el Parque Natural de Poset-Maladeta, en el valle de Chistau o Gistaín, espacio para las altas cumbres que conservan los últimos glaciares pirenaicos, así como el Parque Natural de la Sierra y Cañones de Guara, origen de los primeros asentamientos prehistóricos de Aragón, donde se puede disfrutar de la visión del mayor conjunto de cañones y gargantas del Pirineo.

El Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, uno de los más antiguos de España (1918) es el macizo calcáreo más alto de Europa. El paisaje se enmarca en anchos valles de origen glaciar (Ordesa y Pineta) y espectaculares cañones (Añisclo y Escuain) producidos por la erosión del agua. La tasca alpina, por encima de los 2.000 m. constituye la antesala de los grandes picos que forman el macizo del Monte Perdido.

La mayor demanda de espacios naturales para el disfrute del tiempo libre unida a una mayor concienciación sobre el medio ambiente, ha hecho de los espacios protegidos y de su entorno rural, zonas vulnerables precisas de una sensibilización acorde con la filosofía de protección.

Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido / Foto: Phqneste75 (vía Wikimedia Commons)
Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido / Foto: Phqneste75 (vía Wikimedia Commons)

Os proponemos recorrer los diferentes parajes de la comarca del Sobrarbe, tanto los impresionantes sectores del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido y demás espacios protegidos, como las zonas limítrofes, de igual belleza y sin embargo menos conocidas por el turismo, siempre bajo la filosofía de interpretar el paisaje, descubriendo la fauna, flora, las espectaculares formas; conocer las leyendas, supersticiones y tradiciones ancestrales de las gentes que pueblan estos paisajes, la forma de vida, el folklore y la gastronomía.

Comarca del Sobrarbe

El aislamiento hasta tiempos recientes de la comarca del Sobrarbe ha mantenido hasta nuestro días un territorio prácticamente virgen. Con altas montañas de belleza espectacular como Cotiella, La Peña Montañesa, Castillo Mayor, Montinier entre muchos otros.

El antiguo Condado del Sobrarbe, se sitúa en el corazón del Pirineo aragonés, y presenta tres zonas geográficas muy diferentes, tanto por el paisaje como por la forma de vida de sus gentes.

Los altos Valles pirenaicos al norte: Torla, Broto, Vió, La Solana, Puértolas, Bielsa y Gistau, de clima húmedo, dedicados tradicionalmente a la ganadería y a la explotación forestal.

Los pueblos del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido / Foto: @desirecape (Instagram)
Los pueblos del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido / Foto: @desirecape (Instagram)

Las riberas de los ríos Ara y Cinca, bien comunicadas, donde se encuentran Boltaña y Aínsa, principales localidades del Sobrarbe, y con el amplio valle de La Fueva forman lo que podríamos llamar “Bajo Sobrarbe”.

El Viello Sobrarbe, Cabecera de la Sierra de Guara, tierra de los antiguos pobladores de la comarca y salpicado de pueblos como Arcusa, Olsón, Bárcabo y otros muchos pueblos que guardan en su arquitectura medieval las reliquias de una historia pasada.

Los orígenes del Sobrarbe se remontan a épocas prehistóricas, siendo en tiempos medievales condado que contribuyó a la formación del reino de Aragón. Testigo de su historia la comarca del Sobrarbe conserva un rico patrimonio histórico artístico en el que caben destacar las medievales construcciones militares y religiosas de Abizanda, Samitier, Aínsa o Muro de Roda o el impresionante monasterio de San Victorián, que en la Edad Media llegó a ejercer su dominio sobre las tierras del Alto Cinca y del Ésera; el románico de las iglesias del Valle de Vio o los pueblos y casas de Bestué, Puértolas, Tella, Guaso, Boltaña, y tantos otros… que hace de esta comarca un rincón apasionante de la historia pasada en un paisaje de montañas y valles.

Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido

Los valles de origen glaciar de Ordesa y Pineta, los cañones y gargantas de Añisclo y Escuain, los cerros que conforman el Macizo de Monte Perdido, así como la zona periférica del Parque Nacional ofrecen numerosos atractivos como para destinarles un tiempo y una visita, acercarse a su riqueza natural sin olvidarnos de la presencia de los habitantes montañeses que desde el principio de la historia vivieron en esta zona.

El rio en el valle de Ordesa / Foto: Jesús Alenda (vía Flickr)
El rio en el valle de Ordesa / Foto: Jesús Alenda (vía Flickr)

El nombre de Ordesa está estrechamente ligado al origen de los espacios protegidos en el mundo, al influjo de románticos y estudiosos, como Lucien Briet, el viajero, escritor y fotógrafo francés que lo visitó por primera vez en el verano de 1901, y tantos otros que impulsaron la conservación de este paraje natural, declarándose Parque Nacional en 1918, sobre una superficie inicial de 2.100 hectáreas, el valle del río Arazas, en el término municipal de Torla.

En 1982 el parque fue reclasificado y ampliado hasta las 15.600 hectáreas actuales – que incluyen el Macizo del Monte Perdido, los Valles de Añisclo y Escuaín, y la cabecera del de Pineta -, siendo rebautizado como Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido.

En 1988 fue galardonado además con el Diploma Europeo a la Conservación Natural, en su máxima categoría.

Entre sus valores naturales destaca ser el macizo calcáreo más alto de Europa —3.355 metros, en el Monte Perdido—, cuyo agreste relieve ha favorecido la existencia de una enorme diversidad de ecosistemas, con una gran variedad de especies de fauna y flora, muchas de ellas endémicas del Pirineo.

Cada uno de sus valles ofrecen senderos de singular belleza, desde el paso por frondosos y cerrados bosques de hayas y abetos, junto al salto del agua que produce bellas cascadas, hasta los itinerarios por los pastos alpinos de la alta montaña sobre Ordesa, Añisclo, etc.

Parque Natural Poset-Maladeta

En los Pirineos Centrales, este Parque Natural albergan el mayor número de cumbres que superan los tres mil metros de altitud, los glaciares más extensos de los Pirineos, cerca de un centenar de ibones o lagos de montaña y algunas especies de flora y fauna en peligro de extinción. Todo ello convierte a este sector de la Cordillera Pirenaica en uno de los más …

La increíble diversidad de paisajes son un regalo para los ojos del viajero que los contempla. Las rutas, de uno o varios días, son tan amplias y variadas que siempre queda algún mágico lugar que recorrer.

Valle Posets-Maladeta / Foto: Javier Pina [CC-BY-SA-4.0]
Valle Posets-Maladeta / Foto: Javier Pina [CC-BY-SA-4.0]

Este parque natural contiene el mayor número de cumbres que superan los tres mil metros, parajes alpinos con infinidad de ibones o lagos de montaña como vestigio de su pasado glaciar, del que quedan muestra en el Pico Aneto, Maladeta, Posets y otros. Uno de los último paraísos vírgenes para el amante de la alta montaña pirenaica y de los ecosistemas que alberga.

Por otro lado, la prolongada historia de ocupación humana ha contribuido a incrementar la complejidad del territorio, en algunos casos aumentando su valor funcional y paisajístico. la influencia humana es tan grande que prácticamente ninguno de los paisajes por debajo de los 2.100 metros de altitud puede explicarse sin recurrir a la forma en que el hombre ha explotado la montaña. Esto hace que muchas piezas del actual mosaico paisajístico solo pueden mantenerse tal como se conocen en la actualidad si pervive cierta presión humana.

La orografía y la presión humana son los dos hechos que condicionan que el Parque Natural Poset Maladeta sea un territorio de extremada complejidad que sirve de soporte a una fauna y una flora de gran valor.

El macizo de la Maladeta se enclava en el centro geográfico de la cordillera, en la Alta Ribagorza aragonesa y reúne a una buena parte de las cumbres más elevadas de toda la cadena.

Parque Natural de Guara

Entre el Valle del Ebro y los Pirineos, la Sierra y Cañones de Guara constituyen un valioso enclave natural, su espectacular orografía sorprende con sus bellísimos barrancos, cañones y grutas, algunas de las cuales muestran pinturas rupestres de gran valor, indicativo de su poblamiento.

Barranquismo en Guara
Barranquismo en Guara

Barrancos y cañones constituyen las principales señas de identidad de este Parque Natural enclavado al noreste de Huesca. Aunque es conocido principalmente por el descenso de cañones, actividad deportiva que se popularizó en los años 80, este enclave tiene otros grandes atractivos naturales, como su variedad de aves: por sus riscos y escarpados anidan el quebrantahuesos y otras rapaces.

Guara es rico en endemismos botánicos o lo que es lo mismo, plantas y flores que únicamente se dan en el ámbito del parque a nivel mundial. Los bosques albergan una rica y variada fauna.

La Sierra de Guara fue una de las zonas de Aragón donde el hombre hizo su primera aparición, tal como lo demuestran las numerosas cuevas y abrigos con pinturas rupestres y restos arqueológicos del Paleolítico Medio.

El parque se extiende por un total de 14 municipios en las dos vertientes, con núcleos urbanos muy pintorescos, cuya recuperación en los últimos años, después del éxodo poblacional que vivieron hasta los años setenta, se debe, principalmente, al desarrollo de actividades deportivas y a las mejoras apoyos derivados de la declaración como parque natural.