La ascensión al volcán del Chimborazo no es muy técnica. Si necesitarás cierta experiencia en el uso de crampones y piolet, en la progresión en glaciar, y aquí entran en juego también técnicas de seguridad, de encordamiento para caminar en terrenos glaciares en los que nos puede sorprender una grieta.

Escalar los últimos 500 metros de desnivel fue increíblemente difícil, pero no por la habilidad técnica requerida. El aire te falta, necesitas esa mitad del oxígeno que te han arrebatado a esa altura.  Si eres fumador vas a desear haberlo dejado hace un tiempo. Simplemente es difícil avanzar allí.

Refugio Edward Whymper

El chimborazo es una montaña “alta”, de grandes rocas y puede tener un clima que cambia a cada minuto. Mientras caminamos hacia el segundo refugio, pudimos escuchar las rocas y trozos de hielo que caían en algún lugar por encima.

El Refugio Edward Whymper se encuentra a  5.000m , llamada así por el alpinista inglés que fue el primero en llegar a la montaña.

Tuvimos tazas calientes de “mate de coca”, un té de hojas de coca —que también se usan para hacer otro producto, uno que se lleva hasta la nariz—. Fuimos de excursión durante veinte minutos, mi aclimatación. Comimos y dormí durante una hora antes de comenzar el ascenso a las once de la noche.

Refugio Edward Whymper / Foto: Barefoot Expeditions (Flickr)

Refugio Edward Whymper / Foto: Barefoot Expeditions (Flickr)

Sobre el Monte Chimborazo

El volcán del Chimborazo está en Ecuador. La elevación en el centro del país y el efecto moderador de la Corriente de Humboldt a lo largo de la costa le dan al país un clima casi perfecto. Buen clima casi en todas partes, hasta que asciendes lo suficiente.

La cima del Chimborazo es el punto más alejado del centro de la Tierra. Nuestro planeta se hincha en el ecuador, lo que hace que el Monte Chimborazo sea aún más importante que el Everest. Tiene la distinción de ser el punto más cercano al sol en el planeta. Desafortunadamente, también es el lugar más frío en Ecuador.

Los glaciares del Chimborazo / Foto: Waszti (Pixabay)

Los glaciares del Chimborazo / Foto: Waszti (Pixabay)



Escalando el Chimborazo, progresando en los glaciares

Paco, mi guía, no se preocupó por la parte liviana de mi aventura de escalar montañas. Frunció el ceño ante mi saco de dormir, que empaquetaba más pequeño que una pelota de fútbol, ​​y pesaba menos de medio kilo. Mi mochila tampoco lo impresionó. Todo estaba congelado, a pesar de ello me mantuve caliente. Sin problemas hasta ahora.

Los glaciares comienzan cerca de la cabaña, y el senderismo se convirtió en alpinismo. Me puse los crampones. Durante uno de mis muchos descansos —fueron demasiados—, noté que mi pequeño y barato termómetro había tocado fondo —realmente la temperatura era muy baja—. No tenía frío, pero a veces me sentía exhausto, los momentos en los que me movía. Cuando me quedé quieto sentí que podía correr hasta esa colina, que veía en la lejanía.

Luchamos —bueno, luché— por el Monte Chimborazo, escalando, trepando, saltando grietas, hasta que quise dejarlo a 6.000 metros. Por supuesto que hubiera renunciado a 5.800, y a 5.000 metros. Paco me mentía y me decía que la cumbre estaba solo cincuenta metros más alta. Quería creerle, o la falta de oxígeno había revuelto mi cerebro. Empecé a progresar por el hielo otra vez.

La Cumbre del Monte Chimborazo

Llegamos a la cumbre al amanecer. Paco, que parecía lento y cansado en el refugio, era enérgico a 6.263 metros. Mi amigo Joe, un chico de diecinueve años de California con equipo prestado y una sonrisa de oreja a oreja, nos estaba esperando.

El cielo era impresionante

 

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